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La mal llamada búsqueda de sentido

A los 50 años entramos en una edad donde las crisis ya no nos hablando, por lo menos no tanto, sobre la relación con los otros o una rebeldía hacia el mundo.  La fractura esta mas en el proceso de mirarnos internamente y preguntarnos quienes somos y por tanto cual es el sentido de nuestra existencia.

 Casi inevitablemente eso trae consigo profundos cuestionamientos sobre nuestro trabajo u oficio, sobre quien tenemos al lado nuestro, lo que sentimos, lo que pensamos, lo que hacemos; es decir, un mirar nuestra propia identidad en el mundo.

Una de las expectativas que eso trae consigo, y sobre la que más deseo detenerme en esta oportunidad, es sobre la creencia de que ese sentido y respuestas, las voy a encontrar y que se encuentran fuera de mí.

Encontrar requiere buscar. Involucra una actitud como si eso estuviese en un futuro que necesita ser hallado. Como si la respuesta fuera parte de un destino al que necesitamos llegar para ser felices. Porque claro, el sentido de la vida tiene que también ver con cuan felices nos sentimos. En el sufrimiento es que nace el cuestionamiento sobre el sentido de nuestras vidas. Lo que no sabemos es que el sentido de la vida se encuentra en el presente.

A parte de creer que esto se trata de una búsqueda, pensamos que ese camino es externo a nuestros procesos internos. Que la búsqueda está ahí a fuera siendo que esta aquí, dentro de ti. ¿Pero cómo es eso? Bueno, se trata de reconocer aquello que sentimos. El valor que le damos a nuestro cuerpo y la escucha plena de todo lo que proviene de nuestro interior.

La escucha es fundamenta ya que a través de ella logramos reconocer parte de lo que sucede y por tanto realizar los cambio que consideremos necesarios. La escucha nos invita a guardar silencio, a ser sigilosos a ser el observador y el observado.

Por tanto, te invito a conectar mediante practicas meditativas o de conexión con el inconsciente, a escuchar, dejar de buscar y detenerte tan solo un momento a preguntarte: cómo me siento hoy.